Mejor café de Colombia: cómo se mide la calidad y qué lo diferencia del café convencional

Mejor café de Colombia: cómo se mide la calidad y qué lo diferencia del café convencional

Colombia exporta café a más de 60 países. En los lineales españoles, casi cualquier marca con pretensiones de calidad menciona Colombia en algún punto de su packaging. El problema es que "café colombiano" lo mismo puede ser un lote de 88 puntos cultivado a 1.800 metros con fermentación controlada que un blend industrial sin origen concreto. La palabra es la misma, lo que hay detrás no.

Existe un sistema de medición que separa un café del otro con un número. Funciona desde hace décadas, lo aplican catadores certificados en todo el mundo y los resultados son verificables. La diferencia entre saber usarlo y no saber que existe es la diferencia entre comprar café y comprar la historia de un café.

El sistema SCA: la escala que convirtió la calidad en algo medible

La Specialty Coffee Association (SCA) desarrolló un protocolo de catación que evalúa cada café sobre 100 puntos. El catador analiza diez atributos de forma independiente: fragancia, aroma, sabor, retrogusto, acidez, cuerpo, balance, uniformidad, taza limpia y dulzor. Cada uno tiene un peso específico en la puntuación final. El proceso se llama cupping y sigue el mismo procedimiento en Bogotá, Tokio o Madrid, lo que hace los resultados comparables entre sí.

La barrera de entrada al café de especialidad está en 80 puntos. Por debajo de esa cifra, el café se clasifica como comercial y entra en los circuitos de trading masivo. Por encima de 80, cada punto representa un salto cualitativo que se percibe directamente en la taza: más complejidad aromática, más limpieza, mayor definición de las notas.

Los rangos orientativos del sector son estos: entre 80 y 84 puntos, café de especialidad de entrada; entre 85 y 87, lotes de alta calidad con perfiles sensoriales bien definidos; por encima de 87, microlotes de producción limitada donde el origen, la variedad y el proceso se combinan en condiciones casi perfectas.

La escala no es subjetiva en el sentido de que "depende del paladar". El protocolo controla las variables: temperatura del agua, ratio de café, tiempo de infusión, número de catadores. Dos catadores Q Grader certificados evaluando el mismo café llegan a puntuaciones muy próximas. Eso es lo que hace el número útil.

Qué hace que un café colombiano puntúe alto

Colombia tiene una ventaja geográfica concreta: el eje cafetero colombiano combina altitud, temperatura estable y dos cosechas anuales en una franja que concentra algunas de las condiciones más favorables para el cultivo del café en el mundo. Pero la geografía es solo el punto de partida. Lo que convierte esas condiciones en una puntuación alta es lo que pasa después de la recolección.

Altitud: a mayor altura, el grano madura más despacio. El metabolismo lento de la cereza desarrolla azúcares y ácidos orgánicos complejos que se traducen directamente en la taza. Los cafés cultivados por encima de 1.600 metros tienen casi siempre más potencial de puntuación que los de zonas bajas, aunque no lo garantizan solos.

En Finca Las Acacias, en Guática, Risaralda, el cultivo está a 1.800 metros de altitud. Jonatan Ocampo, Q Grader certificado por la Federación Nacional de Cafeteros, cata cada lote en la propia finca antes de la exportación. Los resultados de la cosecha 2024 son los siguientes: Geisha Amarillo en 88,0 puntos, Bourbon Rosado en 87,8, Macedonia en 87,3 y Creammel en 86,8.

Esos números son el resultado de aplicar el mismo protocolo SCA que usa cualquier tostador o importador del mundo para evaluar un lote antes de comprarlo.

Variedad: no todas las plantas de café tienen el mismo techo de calidad. Una Castillo bien procesada puede llegar a 85 puntos. Una Geisha, en las condiciones adecuadas, puede superar los 90. La genética de la planta define el potencial; el proceso define si ese potencial se alcanza o se pierde.

Proceso postcosecha: el camino que recorre el grano desde que se recoge la cereza hasta que está listo para exportar tiene más impacto en la puntuación final del que parece. Aquí es donde el caficultor tiene el control real sobre el perfil que va a desarrollar.

Las variedades colombianas y por qué no todas saben igual

El café es una planta con miles de variedades genéticas, igual que la vid. "Café colombiano" incluye desde la Castillo, desarrollada por Cenicafé para resistir la roya y con un perfil de chocolate y caramelo, hasta la Geisha Amarillo, que en las condiciones correctas produce notas florales y de fruta tropical que no se parecen a ningún otro café.

Las variedades más relevantes en Colombia, por su presencia en el mercado de especialidad:

Bourbon: una de las variedades más antiguas de Coffea arabica, con alta complejidad aromática y perfiles que van de lo floral a lo frutal según el proceso. Su punto débil es la susceptibilidad a enfermedades, lo que hace que muchos productores la hayan sustituido por variedades más resistentes. Cuando se cultiva con control, como el Bourbon Rosado a 1.800 metros en Guática, los resultados son consistentemente altos.

Geisha: originaria de Etiopía, llegó a Colombia por la ruta de Panamá. Es la variedad que marcó el mercado mundial de especialidad a principios de los 2000 cuando un productor panameño la presentó en un concurso y rompió todos los registros de puntuación. Su perfil sensorial es reconocible por una acidez fina y notas que recuerdan al té, el jazmín y la fruta tropical. También es la que más exige en altitud y proceso para expresar su potencial completo.

Caturra y Castillo: variedades resistentes, de alta producción, con perfiles de chocolate y cítrico. Son el corazón de la producción colombiana de volumen. Bien procesadas, pueden superar los 84 puntos con facilidad. Su techo de calidad es inferior al Bourbon o la Geisha, pero su consistencia las convierte en la base del trabajo de muchos productores.

Cenicafé 1: variedad híbrida desarrollada por el Centro Nacional de Investigaciones de Café de Colombia para combinar resistencia a la roya con potencial de calidad. Es reciente en el mercado de especialidad y está demostrando resultados interesantes en las manos de productores que trabajan con procesos controlados.

Entender estas diferencias sirve para algo práctico: cuando un tostador menciona la variedad en su packaging, hay información real detrás. Cuando no la menciona, tampoco está obligado a tener un origen concreto.

El proceso postcosecha: la fermentación como diferencial de calidad

Una vez que la cereza se recoge, el productor tiene que tomar decisiones que afectan directamente al perfil final del café. El proceso postcosecha es el conjunto de esas decisiones: cómo se retira la pulpa, cuánto tiempo fermenta el grano, cómo se seca.

Los tres procesos principales en el mercado de especialidad colombiano son el lavado, el honey y el natural. En el lavado, la pulpa se retira mecánicamente y el grano se fermenta en agua durante un tiempo controlado antes del secado. El resultado es un perfil más limpio, con acidez brillante y notas más precisas. En el honey, parte del mucílago se queda adherido al grano durante el secado, aportando dulzor y cuerpo. En el natural, la cereza entera se seca con la pulpa, lo que genera perfiles más intensos y afrutados pero que requieren un control estricto para evitar defectos.

La fermentación anaeróbica añade una variable más: el grano fermenta en un entorno sin oxígeno, en un biorreactor sellado, lo que permite controlar la temperatura, la presión y la duración del proceso con una precisión que la fermentación abierta no permite. El resultado es un desarrollo de ácidos orgánicos y compuestos aromáticos que no se consiguen por otras vías.

El Bourbon Rosado de Finca Las Acacias fermenta en anaeróbico durante 96 horas. Ese dato es relevante porque la duración de la fermentación es uno de los factores que más inciden en el perfil sensorial del café: con menos tiempo, el perfil es más convencional; con más, los sabores se desarrollan en una dirección que el productor puede anticipar si tiene el control del proceso. Para entender con más detalle cómo funciona este mecanismo, el artículo sobre fermentación anaeróbica en el café lo desarrolla paso a paso.

Lo que distingue un lote de 84 puntos de uno de 87,8 no suele ser la planta. Suele ser lo que pasa en las 96 horas después de la recolección.

Quién certifica la calidad: el papel del Q Grader

El sistema SCA necesita personas que lo apliquen con criterio estandarizado. Eso es un Q Grader: un catador certificado por el Coffee Quality Institute que ha superado un programa de formación intensivo y un examen que cubre desde la química del café hasta la identificación de defectos sensoriales. La certificación requiere renovación periódica.

En la cadena del café de especialidad, el Q Grader puede estar en el importador, en el tostador o en el laboratorio de catación de la finca. Hay una diferencia entre los tres. Si el catador está en el importador, evalúa el café después de la exportación, cuando el productor ya no puede intervenir. Si está en la finca, la evaluación ocurre cuando todavía se puede tomar una decisión sobre el lote: secarlo más, ajustar el proceso, separar los granos con defecto.

Jonatan Ocampo es Q Grader certificado por la Federación Nacional de Cafeteros y trabaja de forma permanente en Finca Las Acacias, en Guática. Cada lote se cata en la finca antes de salir. Si un lote no alcanza el umbral de calidad, no se exporta como especialidad. Ese filtro ocurre antes, no después. Para entender en detalle qué implica tener un Q Grader en finca, ese artículo lo explica con precisión.

La mayoría de los tostadores que venden "café colombiano de especialidad" en España trabajan con importadores que a su vez trabajan con exportadores. La puntuación SCA puede aparecer en algún punto de esa cadena, pero no en el origen. La distancia entre quien certifica y quien cultiva es exactamente la distancia que hay entre "dicen que tiene 86 puntos" y "Jonatan Ocampo lo cató con 86,8 puntos en Finca Las Acacias en junio de 2024".

Alfonso Muñoz

Alfonso Muñoz

Socio · Producción y selección de lotes

Alfonso fundó La Guashira con el objetivo de controlar cada paso de la cadena, desde la cereza en Guática hasta la bolsa en tu puerta. Toma las decisiones estratégicas del proyecto y es quien conecta la finca en Colombia con el mercado en España.

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